sábado, 1 de octubre de 2016

MUNDOS PARALELOS





No hay un mecanismo artificial que justifique el acercamiento entre las paredes opuestas. En realidad no se mueven, tan sólo son alucinaciones. Tampoco se desploma el techo. Ni las ondulaciones del suelo están provocadas por una terrible tempestad. Por supuesto, tú tampoco existes. El contacto de mis manos en tu piel, dulce, porque no sólo es suave, es dulce porque la he probado. Te he embadurnado de saliva sin reproches por tu parte, he lamido desde tu frente hasta tus pies escuchando la melodía de tus gemidos,  a veces reprimidos, otras sin contención, jadeando de placer. He sentido tu humedad en mi boca, tu saliva y también tu lubricidad. Mis espasmos y los tuyos, acompasados, abrazados, fundidos con los ojos cerrados , perdidos en oasis de placer. El desierto de la rutina y la monotonía se quebranta con nuestros encuentros. Palmeras y agua, espejismos de un mundo irreal. No fue Dios quien te creó, fui yo que siendo ateo supe crear el mundo a mi imagen y semejanza.  Ficticio, tanto como la vida paralela que discurre ajena a mi viaje extraterrenal. ¿O es real ese mundo en que la vida pasa sin pasar?.¿Es real ese mundo en que no existes y solo existe mi soledad?.
Sol infinito sin nubes en el horizonte. Campos y mares, verdes y azules. Días sin noches, luz eterna. Y tú, también eterna. Desnuda, desnudos los dos. Para siempre, o eso creo yo.
 Me citas junto al mar. Mañana.
­­­­­­— ¿Y qué harás mientras tanto? – te pregunto ingenuo.
–Pasear, volar sobre estos campos infinitos de trigo y amapolas, de naranjos y robles y olivos plateados. Y más tarde nadar hasta alcanzar la roca de las sirenas, atraída por su hipnótico canto y sus bellas voces. Y beberé el zumo de granadas y limones o naranjas. Y sentiré el olor de azahar y jazmín o del cilantro y de las madreselvas, aunque no hayan noches por tu capricho de los días eternos.
– ¿Y después?
– Contaré las horas y minutos, hasta los segundos, para saber cuánto tiempo falta para reunirme contigo. Junto al mar.
– ¿Y por qué quieres entonces pasear y volar o nadar?, ¿Para qué quieres  beber zumos o envolverte de olores si luego pasarás el tiempo contando el mismo para saber los segundos que faltan para reunirte conmigo?
–Porque necesito echarte de menos, conocer el dolor de tu ausencia, y aunque pasee o esté nadando o rodeada de olores y sabores maravillosos, nada, absolutamente nada, me colmará de felicidad como tú lo haces.
Y dejo pasar el día sin su noche, el tiempo sin referencia, sin sombras ni lunas o estrellas. Y vuelo hasta el mar. Y escucho a las sirenas que cantan y aletean su  cola nerviosas. Y las olas del mar que sisean tranquilas. Y a ti, también te escucho a ti, junto a la roca de las sirenas, pidiendo auxilio. Te ahogas. Tus manos se agitan solicitando ayuda. Yo te he creado, yo te he dado la vida. ¿Quién se atreve a arrebatarme a lo que más quiero de este mundo? ¿Para qué quiero estos campos y mares, este sol permanente y los susurros de las olas? Permanezco en la arena contemplando tu terrible muerte. Las burbujas de tu adiós se pierden ante mi impasibilidad. Y despierto de nuevo en esta habitación de paredes acolchadas que se estrechan, y de techos y suelos que se desploman.



jueves, 7 de julio de 2016

FOLLANDO EN CATALÁN


Me la presentaron en catalán y a las pocas palabras supe que se esforzaba por hablarlo, como yo.  Supongo que ella notaba que mi acento no era de l’Empordà, igual que yo intuía que su lengua materna era el castellano. Ignoro el porqué, pero cuando conozco a una persona, el idioma en el que se inicia nuestra relación es el que utilizo mientras dura ésta.

Nos gustamos y  obviamos nuestros errores gramaticales. Jamás he pronunciado correctamente las eses catalanas, no distingo las sordas de las sonoras, ni las zetas, ni las ces con cedilla. Ella se hacía un lío con la doble ele, ese sonido prolongado en el que la lengua se queda pegada al paladar durante un tiempo. Ninguno dijo de cambiar de idioma a pesar de que nos hubiera resultado más cómodo y natural hablar en castellano. Es lo que tiene la inmersión lingüística. En eso pensaba mientras ella introducía su potente músculo dentro de mi boca buscando los laterales internos de mis mejillas y dejaba mi campanilla oscilando al compás de su música celestial.

Dejé que acabara mi lavado bucal hasta que necesité aire para que mi rostro recobrara su color habitual y abandonara el morado pasión previo a la asfixia. Quizás ella era hipoxifílica, desde luego yo soy bastante normalito y las parafilias las dejo para gente más sofisticada.  Aparté mi cara de la suya y respiré el oxígeno, el nitrógeno e incluso el argón que pudiera haber en aquella habitación.

–Què et passa?– preguntó con su peculiar acento del sur.

–No, res, que em faltava l’aire. Les apnees m’agraden controlades i només quan pratico submarinisme.

Me acarició suavemente el rostro y me pidió disculpas por su pasión. Jamás me habían pedido perdón por amarme. La abracé y continuamos en el punto que lo habíamos dejado pero con suavidad, dejando que nuestras lenguas intercambiaran salivas charnegas y deleitándome con el sabor a colutorio que probablemente había enjuagado sus encías poco antes.

En la habitación contigua se oían risas, jadeos y gritos sin vergüenza. Carles y Núria follaban en estéreo, con un punto de exhibicionismo sonoro. Daba la sensación que querían compartir su polvo con nosotros.

Sonreímos al mirarnos. Estaba claro que nuestra cita era una encerrona, yo pasaba por un momento delicado de mi vida, acababa de romper con Rosa y apenas salía de casa. En principio Carles me comentó que había alquilado un apartamento para recordar aquellos fines de semana playeros en que nos juntábamos los cuatro amigos inseparables: Carles, Manel, Sergio y yo. Era todo mentira, había montado una cita a ciegas en la que yo era el único idiota que ignoraba a lo que iba.

A Montse le habían hablado maravillas de mí. Por lo visto, yo era una persona sensible, con gran pasión por el teatro y la música clásica, como ella. Me habían ascendido de cargo y me ocupaba, según le dijeron, de la dirección de una revista de arte.  Se suponía que mi sueldo era de los que quitan el hipo y que vivía sólo, en un precioso ático del centro. Mientras me explicaba mi vida, la que le habían contado, mi ego se hinchó como un globo de helio y ascendió, extraviándose entre los nubarrones de mis fracasos laborales y sentimentales.

–No et creguis tot el que et diguin aquests!– le dije, sin desvelar que de todo lo que le habían contado, lo único cierto, era mi pasión por el teatro.

–Tranquil, conec a Núria, és una magnífica comercial i sap vendre molt bè el producte, encara que s’hagi d’inventar algunes de les seves qualitats. Jo sóc més de tastar el producte.

No sé a qué se refería. ¿Hablaba de sexo?. ¿Quería probar mi destreza sexual o únicamente quería descubrir a esa persona sensible y apasionada de la que le habían hablado?. Soy muy malo con los retos, me ponen nervioso y suelo fracasar en todos los intentos.

Se desnudó de espaldas a mí y permaneció unos minutos así, mostrándome su espalda y su hermoso culo, con las manos agarrando sus hombros, como si tuviera vergüenza de mostrar los pechos a su sombra. Yo permanecía inmóvil, sentado sobre la cama y con la vista fija en su cuerpo bronceado.  Se giró con un brazo ocultando los senos y una mano sobre el pubis. Se acercó lentamente y se sentó junto a mí. Dejé que su piel rozara la mía, que sus labios abrieran los míos, que sus manos acariciaran mi nuca.  Posé con delicadeza mis manos en los senos y cerré los ojos. Con un leve empujón, hizo que me estirara sobre la cama y se sentó a horcajadas sobre mi pecho.  Contemplé el magnífico horizonte que tenía frente a mí y poco a poco alcé la vista hasta que nuestras miradas se cruzaron.

– Estàs molt callat– me susurró.

–Gaudeixo el moment.

Era realmente uno de esos momentos que desearías que no finalizara. Sabía que llegaba la hora de dar lo mejor de mí, que tampoco es mucho. Follamos en catalán, utilizando los ocho sonidos vocálicos, que para eso los tenemos.  Gemía y sofocaba sus placeres para que nuestros amigos no nos oyeran.

–Oooh!, oooh– a veces con la o abierta, a veces con la o cerrada.

Jadeaba mientras yo intentaba averiguar por qué cambiaba de sonido. Probablemente probaba con los dos para asegurar que uno de sus gemidos era correcto. Yo procuraba no desconcentrarme aunque, a veces, me venía a la mente mi profesora de catalán de bachillerato, silabeando, deslizando su lengua lentamente por el paladar y mostrándonos su filete lingual inundado en saliva. Montse percibía mis ausencias e intentaba animarme restregando sus pezones por mi boca.

–T’agraden els meus pessons?- preguntó lasciva.

–Pessons?, es diu mugrons– no me gusta corregir, sé que mi catalán es mejorable y además no la había corregido durante todo el día, ¿porqué había elegido el peor o mejor momento para hacerlo?. Me sonó como cuando un compañero de trabajo, haciéndose el conocedor de la carta del  restaurante al que nos había llevado , nos recomendó las "cocretas"  de bacalao. Por supuesto pedí solomillo, con ll, por que su solomiyo supuse que estaría demasiado hecho.

Pareció que no le sentaba demasiado bien mi corrección.  Se separó de mí, quedándose acostada a una distancia prudencial. Los dos mirábamos el techo buscando una telaraña que nos distrajera de nuestro momento delicado.

–Eres un imbécil– interrumpió nuestro silencio en castellano.–Desde que llegué a Barcelona, hace ya unos cuantos años, siempre me he esforzado por hablar en catalán y nadie me ha corregido de la manera tan grosera en que tú lo has hecho.

–Pero,…  si sólo te he dicho que pessons no existe, que se dice mugrons.

–No es la forma, es el momento en que lo has dicho. ¿Ves normal en la situación en que estábamos que te preocupes de si está bien dicho o no?

–Lo siento, no era mi intención ofenderte,…es que me ha sonado tan mal.

–Déjalo. Sé que ni eres director de una revista, ni vives en un ático del centro, cosa que me importa bien poco. Quería descubrir si eras apasionado, sentimental, delicado, y ya ves. Quizás lo único cierto es que te gusta el teatro.  Eres un estupendo actor.

–Pero ¿qué dices?

Se levantó y comenzó a vestirse. Yo no me moví, cubierto con una sábana empapada de nuestros sudores y buscando la telaraña inexistente. Entonces me sobrevino una duda y soy de los que no se guardan las cosas.

–Perdona, Montse. ¿Cómo se dice telaraña en catalán?

El portazo cerró mi posibilidad de salir de mi estúpida melancolía. Escuché de nuevo los muellles de la habitación de al lado, los gemidos de Carles y Núria. Estaban hechos unos campeones, hacía más de una hora que jadeaban. Me pregunté si ellos follaban en catalán y, en caso afirmativo ,si se preocupaban de la pronunciación o los posibles deslices idiomáticos, o si tan solo utilizaban la lengua para embadurnarse mutuamente.

Desde el otro lado de la puerta me llegó la respuesta que ya no esperaba.


–Teranyina, es diu teranyina. 

viernes, 27 de mayo de 2016

LA COLADA




Centrifugué los restos de nuestro amor en la lavadora y acabé hipnotizado por su movimiento circular. Tu olor se desvanecía entre el refrescante aroma del suavizante y algunos de tus cabellos, adheridos a mis ropas en olvidados minutos de pasión, se perdieron en el misterioso tambor. Durante una hora quedé embobado siguiendo un programa en frío, como el final de nuestra relación.

Babeaba la cerveza que acababa de abrir contemplando el eterno girar de la ropa. Vaqueros, jerseys, calzoncillos…, todas las prendas se desprendían de tu recuerdo y, una vez tendidas, goteaban amor y odio sobre el suelo del patio interior. Esperé a que se secara la ropa mientras perdía la mirada entre tímidos rayos de sol que aligeraban mi espera. Cuatro whiskies tardó en secarse la colada. Abracé un jersey para cerciorarme de que tu perfume había desaparecido. El olor del detergente borró tu esencia.

Estaba borracho, las pinzas se escurrían entre mis dedos. Acabé de recoger el resto de prendas y me serví el último whisky con un calzoncillo puesto en la cabeza. Estaba de celebración. Me pusé la camisa, aún húmeda, que llevaba en nuestra despedida. No quedaba tampoco rastro de tu olor. Ni de tu sangre. 

viernes, 29 de abril de 2016

ALEBRIJES ( Título obligado para un torneo de escritores)

El alebrije es una artesanía mexicana que se realiza con la técnica de la cartonería y se pinta con colores alegres y vibrantes. Los alebrijes son seres imaginarios conformados por elementos de animales diferentes, una combinación de varios animales fantásticos y reales. 




Quedé fascinado por una figura amorfa y bella, agresiva y dulce, como una pesadilla con pasajes románticos. Una cabeza de jirafa incrustada en un extraño cuerpo de reptil, con crines al viento y la lengua desenroscada. Sus ojos no dejaban de observarme y sus alas desplegadas permanecían inmóviles, como si el último aleteo hubiera bastado para planear sobre el abismo. Las garras de águila y la cola de algún saurio extinguido le daban el aspecto feroz que negaban sus ojos. Estaba pintada con vivos colores y salpicada de diminutos puntos amarillos que se perdían entre los fondos violetas, azules, rojos y sus complementarios. Una sucesión de dibujos geométricos perfectos cubrían su cuerpo.
Sentí el trayecto del último tequila, desde la garganta hasta el estómago, mientras seguía embobado contemplando  aquella figura extraña con poder hipnótico que se hallaba presidiendo el comedor. Debajo de ella, unos ponchos coloridos y una reproducción gigantesca de un mural de Diego Rivera. Un cuadro que representaba dos mundos antagónicos, el capitalismo y el comunismo.  Marx, Lenin y Trotski me miraban avergonzados y yo les contemplaba alucinado por los tequilas que se estaban disolviendo en mi sangre y por la figura que se hallaba un palmo por encima de ellos, el alebrije hipnótico.

miércoles, 30 de marzo de 2016

NO PRESIONES ESE BOTÓN (título obligado para un torneo de escritores)



Mi vida transcurría entre la rutina de varios verbos de la primera conjugación: lavar, planchar, fregar, cocinar; algunos de la segunda: barrer, cocer, tender; y un par de la tercera: freír, sonreír, aunque este último no formaba parte de las tareas domésticas, si acaso era el que, en ocasiones, me servía para obviarlas.  Además, la preocupación permanente de ejercer de madre de un niño que no es hijo mío: soy la segunda esposa de mi marido y el chaval vino en el lote, como suelen decir ellos. Me levantaba cada día a la misma hora para vestir, lavar y peinar a un mocoso que me tenía cierta ojeriza. Siempre me comparaba con su madre, la carnal, la auténtica, y no dejaba  que la postiza, la madrastra, pudiera arrancarle un pellizco de su cariño. Mi marido le quitaba importancia y me decía que le diera tiempo, que en algún momento, Manuel, que así se llama el crío, se daría cuenta del amor que le estaba dando y acabaría devolviéndomelo con creces. No estaba muy segura de que llegara ese día, es más, a veces, y a pesar de mi frialdad aparente, le hubiera dado un cachete, que dicen que una bofetada a tiempo es una victoria. A mí siempre me pareció una frase estúpida, pero en aquellos momentos estaba reconsiderando mi parecer.

martes, 22 de marzo de 2016

WHATSAPP



He llegado a la edad en que los recuerdos pesan más que el propio cuerpo y el futuro es tan sólo un tiempo verbal. Perdí mi agilidad hace tiempo y ahora arrastro mi sombra con ayuda de un bastón y un brazo amigo. Mi cabeza sigue lúcida y mi vista intacta. Mi corazón late a un ritmo constante, sin sobresaltos. Vivo por rutina, sin apenas ilusión.  La televisión se ocupa de distraer mis preocupaciones y aligerar la espera.  Algún libro, cuando tengo fuerzas y ganas, también desvía mis pensamientos.  La alegría sólo se presenta cuando me visitan mis hijos y nietos, los fines de semana.
A veces me da la sensación de vivir en una pequeña sala de espera en la que únicamente me encuentro yo, con un papelito que indica el número de turno, arrugado y escondido dentro mi mano temblorosa . Rezo silenciosamente para no ser el siguiente, deseo que en la pantalla no aparezca el número que guardo apretado entre mi mano y el bastón.
Hace dos días la muerte me envío un whatsapp felicitándome el cumpleaños, con divertidos emoticonos de guadañas que me guiñaban un ojo. No había más texto, simplemente la felicitación. No sé utilizar las nuevas tecnologías, la chica que comparte mi vida durante el día fue la que ,sorprendida por el remitente, me mostró el mensaje.

miércoles, 16 de marzo de 2016

AZABACHE





Esta es mi segunda aportación para el concurso MICROFANTASY III del Círculo de Escritores.


Cien minúsculas hadas tejían vestidos negros para Azabache, la bruja reina. Privadas de sus poderes por la anciana hechicera, se pasaban días y noches enhebrando agujas, uniendo trozos de sacos con retales de ropa vieja, cosiendo botones y bordados con palabras  indescifrables. Teñían, con polvos negros de sus alas quemadas o con el agua en la que habían hervido raíces y plantas, las ásperas telas que cubrirían el cuerpo de la bruja.

martes, 15 de marzo de 2016

GRATIS




Soñar es gratis y pensar también, por eso cada día sueño contigo y pienso en ti. Invitarte a comer o al cine o al teatro o a un viaje a París o Londres o Berlín, no están a mi alcance. Sigo soñando y pensando en ti. Hablar y escribir si, eso si que puedo. Cada día te saludo y te escribo poesías. ¡Buenos días princesa! y te doy un ripio con todo mi amor expresado en cuatro versos que jamás aparecerán en un recopilatorio de poesía. Hablo de flores y susurros del mar, de la luna (no la de Lorca, la mía) y de olores o sabores dulces, incluso algún pajarillo, así, en diminutivo, ridiculizando a cualquier ave que sobrevuele mi imaginación, creyendo que haciéndola pequeña la transformo en amigable y amorosa, como el día que cité cuervos y crisantemos (cuervecillos ) y creí, ingenuo de mi ,que había logrado plasmar la belleza y amor que sentía por ti, y tú, ceñuda, me regañaste arrugando la frente, suave y dulce como una palomilla enfadada, aunque aceptaste a regañadientes las flores amarillas arrancadas con mimo de las grietas del asfalto y, cuando te marchabas, te giraste arrepentida para regalarme una sonrisa, que también es gratis, y me hiciste feliz.

jueves, 10 de marzo de 2016

POLVO Y ARENA


Con este microrrelato participo en el concurso MICROFANTASY III del Círculo de Escritores.




No me importaba que el bosque se hubiera convertido en desierto y el río fuera tan sólo un cauce arenoso. No me importaba que las cascadas se hubieran secado y los lagos fueran enormes extensiones de tierra cuarteada. Ni siquiera me importaba ver los cadáveres de unicornios y dragones rodeados de moscas azules en la orilla del río seco. Me había convertido en un hombre de piedra, una masa dura y cuarteada como la tierra seca de los lagos; mi corazón, un pequeño guijarro  incapaz de sentir. 

Buscaba una sombra inexistente en aquel páramo gris. Divisé el esqueleto de un árbol en un horizonte cercano y decidí acercarme para reposar junto a él.  Un cuerpo colgaba de una de sus ramas negras.  Era el cadáver de una joven que ocultaba su rostro tras una larga melena de oro. Estaba desnuda y su palidez resplandecía entre los grises de un desierto sin sol. Aparté un mechón de sus cabellos y reconocí la cara de la princesa, mi princesa. Mi corazón se deshizo y se convirtió, como mi cuerpo, en polvo y arena , perdiéndose en el desierto de la fantasía.

El viento borró las huellas de un mundo condenado a desaparecer. 



viernes, 4 de marzo de 2016

CITAS POR INTERNET

Me atormentaba la sonrisa de la luna encajada entre los edificios del final de la calle. Y la mía, también me atormentaba mi triste sonrisa que me despreciaba desde el espejo. No había sido una buena semana…, ni un buen año. En realidad, no había sido una buena vida. Desde que recordaba, estaba sumido en lo más profundo de un abismo y no encontraba una cuerda a la que asirme y poder emerger. Era la imagen de un hombre vencido por la vida y sin fuerzas para seguir buscando una escalera que condujera a un territorio sin tinieblas: descalzo, con una camiseta de tirantes sucia, y el pantalón de un traje del que jamás utilicé la americana. La barba descuidada de un par de días y el cabello alborotado, como el estómago, que rugía solicitando algo sólido y acabó regado con alcohol.

Apunté con el revólver a mi reflejo a la vez que esa deprimente imagen me apuntó a mí. Era un duelo de perdedores. Había asesinado a tanta gente que me daba igual hacer otra muesca en mi conciencia. Realmente, jamás me importó demasiado. Era un trabajo al que no le encontraba el placer pero tampoco suponía que afloraran remordimientos que me impidieran seguir en la profesión. Mi eterna depresión no encontraba alivio en la muerte, pero tampoco se agudizaba. Era una infinita línea horizontal, sin alteraciones.

EL TEATRE


(Poesía ganadora del 1er premio dels JOCS FLORALS ESCOLARS de Barcelona 2014 )

  Autora: Mariona Capel


La foscor i el silenci s’esvaeixen
són segons de suor i tremolor
segons que em colpeixen
segons que es convertiran en color.


Una feble llum il.lumina confoses figures
la meva veu trenca el silenci regnant
s’obre la finestra de les aventures
la finestra d’un somni al.lucinant.

jueves, 3 de marzo de 2016

VÍNCULOS





En mi habitación tengo un televisor y un espejo. También un ordenador y una ventana desde la que veo el campanario. Un magnetófono y una radio. Una guitarra y muchos libros.  Sin orden, y esparcidos por el resto de la vivienda, cientos de objetos que no utilizo y ropa que dicen pasó de moda, como yo, que también estoy en desuso. Por supuesto no me faltan electrodomésticos ni agua corriente o electricidad. Acumulo latas de comida a medio acabar y desperdicios, y el suelo está repleto de colillas, ceniza, polvo  y botellas vacías. Dos de las habitaciones son prácticamente inaccesibles: montañas de recuerdos míos y de desconocidos, figuras de porcelana, cuadros, aparatos rotos y otros sin romper, juguetes, muñecos, zapatos, colchones en vertical porque en horizontal ya no caben, muebles antiguos sin valor,… un verdadero mercado de bajo coste.  Mis mascotas son espontáneas y nunca sé cuántas tengo: cucarachas que salen de las grietas por la noche y se esconden durante el día.

lunes, 29 de febrero de 2016

LA FRONTERA

Estaba desorientado. A mi alrededor no había nada, absolutamente nada.  Una inmensa y silenciosa extensión de color blanco sin delimitar, como una enorme pista de patinaje sin el sonido del crujir del hielo bajo las cuchillas deslizándose. Solo oía los latidos de mi corazón cada vez más acelerados, como mi respiración, que asemejaba una vieja caldera antes de estropearse, emitiendo sus últimos estertores. No tenía sensación de frío o calor. Tampoco percibía olores que pudieran remitirme a algún lugar conocido.  Era una sensación extraña aunque no desagradable.  Intenté gritar un socorro o un auxilio pero, a pesar de la vibración de mis cuerdas vocales, era incapaz de emitir sonido alguno. Quizás me había quedado sordo y no oía mi voz. O ciego, como en el libro de Saramago en que una plaga inédita ocasiona una repentina ceguera blanca. Un vacío blanco me envolvía y no tenía el hilo de Teseo para encontrar la salida.

domingo, 28 de febrero de 2016

INSOMNIO

La luna alteraba la línea recta formada por las farolas de la calle. Le faltaban, desde mi perspectiva, tres dedos para estar completamente alineada. Pensé que sería otra noche de insomnio fumando en la ventana y  dialogando con el silencio. No fue así, por fin mis párpados cedían y caían rendidos. Me tumbé con regocijo sobre las sábanas revueltas y mi cerebro se desconectó. Sentí entre sueños la dulce caricia de la almohada sobre mi rostro. Al principio me relajó su tacto suave y mullido. De repente, noté cómo la suave caricia se había convertido en una fuerza extraña que me imposibilitaba respirar. No podía gritar, mis llamadas de auxilio se ahogaban entre las plumas de la almohada. Alguien oprimía el maldito cojín contra mi cara. Un sonido seco y apagado relajó mis músculos y destrozó mi garganta. El sabor a metal y el olor a pólvora me sumieron, ahora si, en un profundo y definitivo sueño. Las plumas volaban a mi alrededor y caían lentas sobre mi cama. El humo del disparo se desvanecía como las nubes que intentaban ocultar la luna. Antes de que el sueño eterno se apoderase de mí, disparé sin una diana a la que apuntar y  sentí el peso de un cuerpo que se desplomaba sobre mis piernas. Siempre duermo con la pistola bajo la almohada, una precaución necesaria en mi oficio, asesino. No pude evitar mi muerte y sólo conseguí el pasaporte al infierno.