martes, 15 de marzo de 2016

GRATIS




Soñar es gratis y pensar también, por eso cada día sueño contigo y pienso en ti. Invitarte a comer o al cine o al teatro o a un viaje a París o Londres o Berlín, no están a mi alcance. Sigo soñando y pensando en ti. Hablar y escribir si, eso si que puedo. Cada día te saludo y te escribo poesías. ¡Buenos días princesa! y te doy un ripio con todo mi amor expresado en cuatro versos que jamás aparecerán en un recopilatorio de poesía. Hablo de flores y susurros del mar, de la luna (no la de Lorca, la mía) y de olores o sabores dulces, incluso algún pajarillo, así, en diminutivo, ridiculizando a cualquier ave que sobrevuele mi imaginación, creyendo que haciéndola pequeña la transformo en amigable y amorosa, como el día que cité cuervos y crisantemos (cuervecillos ) y creí, ingenuo de mi ,que había logrado plasmar la belleza y amor que sentía por ti, y tú, ceñuda, me regañaste arrugando la frente, suave y dulce como una palomilla enfadada, aunque aceptaste a regañadientes las flores amarillas arrancadas con mimo de las grietas del asfalto y, cuando te marchabas, te giraste arrepentida para regalarme una sonrisa, que también es gratis, y me hiciste feliz.
 Sonreir no aparece en el catálogo de los grandes almacenes junto a los que me siento a diario esperando recibir la caridad de la gente. Ni llorar. Aunque las lágrimas nunca fueron un buen regalo. Tú me regalas esperanza e ilusión y yo te entrego mi alma desnuda. Imposible que en el escaparate puedan poner algo parecido.  Prefiero cuatro sonrisas y un beso que una colonia de las caras o un reloj suizo. Me quedo con tus miradas antes que con los euros que me lanzan con altivez y cierta repugnancia. Me falta papel de regalo para envolver la luna o el sonido de las olas, y no sé como arrancar los pellizcos de mi corazón para depositarlos en una cajita y ofrecértelos junto alguna de mis ridículas poesías. Tú no escribes y apenas me hablas, pero tus gestos son suficientes. Nunca me has dado el dinero suelto que luego te gastarás en un café o un refresco o en un pintalabios barato, pero cuando respondes a mis ¡buenos días! y sonríes, sabes que me haces el mejor regalo posible.Recuerdo el día que me diste un beso cuando me recogías del final de la escalera que hay en la entrada de los almacenes. Estaba tumbado sin poder levantarme, herido en la rodilla y en el orgullo. Tus labios acariciando mi mejilla surtieron más efecto que el agua oxigenada y el calmante que luego me dieron en urgencias. La gente debió alucinar viendo como una joven guapa y elegante besaba a un sucio borracho. Sé que sólo es misericordia y compasión pero imaginar también es gratis, y yo imagino que es amor.